Egipto-España: similitudes en la necesidad de una intervención militar

El 4 de julio el Ejército egipcio da un golpe de mano y depone al presidente islámico Mursi. Lo hace para frenar la deriva totalitaria propia del islamismo, su nepotismo y su ineficacia económica.

El parecido con los separatismos que nos explotan y oprimen es evidente.

 

Salvar la libertad frente al asalto a la democracia.

En nuestro caso de la partitocracia, la ruina económica del aberrante Estado de las Autonomías, y el totalitarismo y subversión interna de los separatismos, amén de su inoperancia económica y gasto desbocado. El nacionalismo es un totalitarismo como lo es el islamismo.

 

Las masas en la calle, en la plaza Tahrir, protestan, se movilizan. Pero representan tendencias diversas y sobre todo no llevan un proyecto político viable y de Estado. Nunca lo tienen.

El Ejército es una institución, y con apoyo civil puede liderar una transición hacia un nuevo régimen democrático constitucional y lograr la unidad nacional, eliminando la casta política corrupta y los separatismos saqueadores y opresores.

 

La oposición poco ha pintado en este movimiento, no es representativa y sus raíces ideológicas son ambiguas. La iniciativa de recogida de 22 millones de firmas contra Cursi propuso el mismo programa de los militares. No es casualidad sino un buen trabajo de los servicios secretos militares.

Por lo tanto las organizaciones opositoras no son necesarias a priori, el movimiento de apoyo y limpieza surge después de la intervención. La agitación puede venir del propio enemigo, de pequeños grupos o de las diversas crisis que surgen.

 

No han sido sólo las manifestaciones las que han decidido al Ejército a intervenir. El gobierno islámico y su partido, los Hermanos Musulmanes, llevan tiempo utilizando el odio sectario contra los chiitas y los coptos, y apoyando la yihad en Siria. El Ejército temía una espiral de violencia dentro y fuera del país y con una economía arruinada.

No se trata de la usual espiral de coacción y prepotencia habitual en los Hermanos Musulmanes contra coptos y chiítas, y contra su propia gente también, sino del proceso del totalitarismo islámico, que tiene en su actitud parlamentaria un reflejo de la que exhibe en la calle.

Un totalitarismo que, como el de los nacionalismos separatistas que nos oprimen en España, aspiraba a controlar todos los ámbitos sociales a través de una violenta dinámica de movilización de sus masas apoyada por la acción gubernamental.

Esta, junto con la debilidad institucional, convertían a Egipto en un polvorín social previo a una dictadura islámica aunque fuera con el guante blanco del ejemplo del partido islamista turco, el Refah, su principal mentor.

La reacción antiinstitucional de los Hermanos Musulmanes se corresponde con el agresivo sectarismo que los define. “El vientre del que surgió la bestia aún permanece fecundo”.

Es un proceso revolucionario similar al iraní que debe ser aherrojado a cualquier precio por el Ejército.

Como aquí con el desafío separatista vasco y catalán, sus embajadas y su caos económico.

 

En una deriva suicida para lograr el poder absoluto en las instituciones, el gobierno islámico y su partido se ganaron la enemistad del poder judicial y del Ejército, que se aliaron con las posturas de la oposición laica.

La misma tentación totalitaria de los separatismos en España. El naufrago Mas se ha aliado con ERC (y en Egipto los Hermanos Musulmanes con terroristas y yihadistas). Han cometido el error de situarse en contra del sistema al que pertenecen y caer por lo tanto en la ilegalidad.

Como ellos, Mas pretende ahora lanzar constantes desafíos, transformándose en un rebelde marginal y, aún peor, perdiendo apoyos a favor de los más radicales, hasta llegar a un callejón sin salida, lo cual es para nosotros una gran oportunidad.

 

La tentación a evitar en Egipto es la introducción de un régimen con viejas figuras de la era Mubarak. “

En España será errónea intentar llegar a un consenso con los representantes de las lacras que nos asolan (separatistas, asociaciones civiles, sindicatos y partidos, todos corruptos) en lugar de eliminarlos así como a sus bases sociales y económicas de apoyo.

 

Muchas similitudes con una solución, la egipcia, que para nosotros los españoles es la única en la gravedad actual.

¡Viva España! ¡Viva el Ejército!

 

IU se quita la máscara

¡Al fin IU, por boca de Cayo Lara (29-05-2013), se destapa y se declara partidario de la desmembración de España!. Celebramos que se aclaren las posiciones. Ya no caben dudas respecto a esa formación abiertamente antiespañola ni sobre sus militantes y votantes.

IU se quita la máscara

Los nacionalistas, más coherentes – en eso al menos- siempre se han manifestado antiespañoles.

Mientras el PS(¿oe?), también antiespañol -la única seña de identidad de la autodenominada izquierda y de la progresía- no se atreve a manifestarlo explícitamente por miedo electoral, y anda haciendo contorsiones extrañas acerca del federalismo, asimétrico, confederal…

¿Y el PP?. Ajeno por completo a la idea de España y de Nación, que no existen en su imaginario y que incluso les incomodan y han contribuido a debilitar y a destruir, solo las invoca y utiliza sus símbolos, con oportunismo electoral, porque los demás no lo hacen, y así captar algún voto ingenuo.

¡Todos estos traidores, desleales, codiciosos y corruptos deben desaparecer !