La formación del movimiento antinacionalista

¿Un partido político?

A la hora de hablar de la formación del movimiento antinacionalista la primera cuestión que surge es la de la creación de un partido.

Pero para ello deben existir una serie de condiciones. La creación jurídica requiere simplemente de tres firmas, estatutos y sede oficial. Para que tenga éxito una organización política necesita un entorno social con el que identificarse, y no nos referimos a segmentos sociales donde pueda “pescar” votos, sino a sectores afines ya concienciados o que reclamen una representación que no tienen.

Aún poseyendo estas características, el partido deberá poder insertarse en los medios del sistema político, con lo que implica de implantación territorial, medios económicos y eco en los medios de comunicación, muy mediatizados estos por el sistema político y la difusa ideología de lo “políticamente correcto”.

Nuestra posición.

Precisamente porque reconocemos esto, nuestra propuesta se centra en crear nuestro bando a través de la propaganda, entendiendo por tal no el simple “marketing” sino la denuncia de la dictadura nacionalista vasco-catalana con la colaboración de los demás partidos, de sus métodos y de sus letales efectos en la economía, la sociedad, el pueblo, la nación, las leyes y los derechos civiles.

Esa denuncia debe ir acompañada de una revaloración de nuestra cultura, idioma e Historia, que son con las que nos combate el nacionalismo, y de un proyecto de regeneración nacional sin medianías ni complejos.

Nuestro modelo de acción se basa en lo posible:

Grupos de propaganda, denuncia y agitación diseminados por el territorio nacional que adaptan su discurso sin olvidar nunca la meta principal: la dictadura y el chantaje nacionalistas y los cómplices que los protegen en el seno del sistema.

Nuestra perspectiva

Hasta aquí el contexto, y ahora la acción. Todas las tácticas caben en nuestra estrategia porque somos conscientes de la inserción del nacionalismo en el sistema político, que lo tolera por su obsesionante búsqueda de “consenso” y “paz social”, pero también esto provoca fisuras, enfrentamientos y crispaciones que nosotros hemos de profundizar y difundir.

Se trata de desvelar el problema, individualizarlo y definirlo como origen de todos los males económicos, sociales y políticos de nuestra nación, y de obstaculizar su proyecto por todos los medios: de la denuncia al ataque, pasando por el boicot. Todos los medios son buenos.

Impedir su funcionamiento, bloquear su economía, amedrentar a su militancia o avisar a su población leal, desprestigiar sus símbolos y discursos.

El partido surgirá cuando el movimiento esté maduro para transformarse, dentro de su pluralidad real, en una organización de ataque y dispuesto a hacerse cargo del control del Estado, y no sólo de obtener unas migajas de despreciativo reconocimiento o de tímidos diques frente al enemigo nacionalista.

Se trata de lo que podríamos llamar la “estrategia del archipiélago”, por la que diversos grupos de distintos ambientes no tienen porqué perder su identidad y su libertad de acción, persiguiendo una homogeneidad en la meta: la destrucción de la dictadura vasco-catalana y sus cómplices.

Es el movimentismo, el abandono de la inútil rigidez dogmática y estructural, lo que debemos aspirar a tejer entre todos. Grupos, bases autónomas e incluso uniones de grupos de militantes de cualquier tipo que estén ante todo por construir la acción, e intercambiar información y colaboración. ¡Cread NOAs!

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