Los aprovechados y los inertes

Los acontecimientos a los que nos enfrentamos dan la medida del carácter de cada cual. Ahí tenemos a los sindicatos frente a la crisis económica: atacar a “la derecha”, defender sus privilegios de funcionarios como institución del sistema (¿alguno no sabía que cobran por gestionar a las empresas el cierre y los ERE?), exculpar a un gobierno que no ha hecho absolutamente nada contra la crisis (que incluso la negaba), que miente, manipula y distorsiona, que de hecho destruye la economía nacional mientras pasa un día más en el poder y sus chanchullos. Como todos.

Como el Rey, que nada ha dicho del boicot al Himno Nacional y a su persona, rodeado de banderas independentistas. Como la Federación y el Comité de Disciplina: mudos absolutos. Si lo hubieran hecho los Ultra-sur saldría en las portadas de todos los periódicos e informativos. Eso sí que lo habrían criticado los sindicatos, que, a su vez, no tienen empacho en dedicarse a apoyar, y a exigir, las imposiciones lingüísticas (y todos los desmanes) de los separatistas nazis, un tema vital para el interés de “los trabajadores”, coletilla que indecentemente aplican siempre como mantra legitimador para encubrir su única actividad de colaboradores con el opresor nacionalista, que ese sí que atenta contra el interés real de los trabajadores (esa cosa que los autodenominados sindicatos desconocen porque jamás han visto ni uno).

Qué decir del resto de fuerzas políticas. Los progres con sus rollo-negocios ecologistas, gays, etc… como si la crisis no fuera con ellos. La derecha que piensa ganar sin esfuerzo dada la incompetencia de la exquierda o lo que sea (en todo caso aún peor que la vieja izquierda estalinista de siempre), y tan infecta y vendida como ésta.

Otros aprovechados se hunden; tal es el caso del Partido de los Ciudadanos, que tienen que ver como la mesa del “parlamento” regional, dirigida por ERC, dirime en su pleito. Un fin lógico para quienes tanto empeño pusieron en no ser calificados de “españolistas” (pretendían ser “no nacionalistas”; habría que preguntar a los nacionalistas qué significa eso), y cuyo proyecto nació viciado, e indefinido, en origen, por ello. Ahora irán a llamar a la puerta de UPyD para no perder el escaño. A eso conducen los constantes incidentes relacionados con numerosos personajillos (entre los que destacan Domingo y Robles) y esas actitudes que hemos señalado en diversas ocasiones y sobre las que no vamos a insistir. Pero no lo olvidamos. El movimiento de resistencia y los que se sacrifican por él no merecen estos desprecios y egoísmos que tanto abundan y que le desbaratan (¿a posta?).

No podemos dejar de mencionar, con dolor, las crisis demoledoras en que se han sumido la AVT y el FE, otrora puntales de la rebelión cívica, cuyas multitudinarias manifestaciones (posteriormente patrimonializadas o atacadas por los infectos partidos) mostraban un anhelo que desbordaba claramente los límites de las convocatorias… o precisamente por eso se ha inoculado el “virus”, para que no vuelvan a darse (como cuando las manifestaciones por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, en que todo “el sistema” reaccionó en bloque “para que no volviera a suceder”, no el asesinato, sino la manifestación no controlada).

¿Y UPyD?, pues también anda aquejada de la misma carcoma.

Sean cuales sean las circunstancias concretas, los detalles o las apariencias, se aprecia nítidamente un proceso subrepticio de desactivación de todas las iniciativas, que, aún incipientes y débiles, pudieran parecer una amenaza potencial. El sistema se apresta.

Por eso hemos insistido, y seguiremos haciéndolo, en la absoluta necesidad de la unidad, y la generosidad en ella. Porque, contra lo que nos enfrentamos, fuera de la unidad no hay nada.
¿O alguien cree que los nazis que ya tienen en la mano la primera fase de sus objetivos (ahora ya procede la “expansión territorial” y las “limpiezas” menos sutiles), así como la legión de oportunistas, a cual más sinvergüenza, encaramados en las “presidencias” taifales, los “ministerios” taifales, las “embajadas” taifales etc… y sus enormes redes clientelares aferradas a esas ubres tan generosas –aún en plena crisis-, se van a dejar quitar por las buenas (es decir “democráticamente”) la mamandurria?. De ninguna manera; lucharán desesperadamente si algo amenaza su chiringuito. No les importa nada lo que se lleven por delante; los miserables son así.

Entre tanto, ha transcurrido el tiempo y lo que hace unos años eran vaticinios muy verosímiles, hoy son realidades gracias a nuestra inacción, porque el país, de hecho, ya está desmembrado, si bien, no formalmente. Algunos, prepotentes, decían que no había quien moviera la Constitución. Y en efecto así es; nadie la ha movido ni nadie se va a molestar en hacerlo: simplemente, pasan por encima o por los lados, sin ni mirarla, porque ya no es ni papel mojado.

Ahora hay un montón de constituciones, que esas sí son de inexcusable cumplimiento, impuestas opresivamente mediante trapicheos o por la fuerza del rodillo totalitario nacionalista (y sus colaboradores y cómplices: el facherío progre), que nos ahorman con sus simbolitos-basura, trapajos de cocina a los que hay que adorar y ridículos lenguajes inventados para marcar, como a las reses, con el hierro de la ganadería.

En este proceso de imposición y opresión por unas minorías nazis y unos oportunistas carroñeros, la mayor parte de la culpa es nuestra. Hemos sido, y somos, sus mejores colaboradores, y por ello, tendremos nuestro merecido.

Al punto que ya se ha llegado, la pretensión de “reformar” y de “regenerar” el funcionamiento de las instituciones suena a rigodón. Cuando la legalidad-legitimidad ya ha sido quebrada no se puede reconducir la situación por métodos normales. Ningún pequeño partido, ni solo ni coaligado, durará el tiempo necesario sin explotar o ser explosionado.

Es imprescindible una amplia y sólida base: la rebelión ciudadana aglutinada en un movimiento que materialize la defensa de la unidad y existencia de España y la erradicación de los nacionalismos como objetivos únicos, sin más matices ni disgresiones laterales quedeben posponerse hasta haber logrado la normalidad básica que permita el juego político ordinario, democrático, y que implica ineludiblemente: el desalojamiento de la casta política actual y de todas las instituciones satélites del sistema (falsos sindicatos etc…), la abolición de la Constitución, la refundación del Estado, y la liquidación de las autonomías.

Es tarea que debe ser llevada a cabo, sin dilación, por todos los grupos activos quienes, con generosidad, entendiendo la perentoria necesidad actual, dejen de lado momentáneamente sus legítimas visiones particulares para construir, aglutinar, difundir, expandir, yhacer visible el movimiento cívico que marque la agenda de la acción política e impida desviaciones divisivas y esterilizantes.

Es evidente que las soluciones se logran por aproximaciones sucesivas, pero sólo valen la pena aquellas que supongan un avance en la lucha, un paso adelante, no si nos limitamos a dar siempre las mismas vueltas a la noria.

Cuando es vital la unidad, no podemos permitirnos tanta dispersión (e incluso la confrontación inútil entre unos y otros), no es posible seguir repitiendo los mismos errores, caer en las mismas añagazas, malgastar oportunidades y desmoralizar, porque eso es lo que todos nuestros enemigos quieren y no se lo hemos de facilitar.

El enemigo está enfrente y al movimiento no hay que traer más voluntad que la de servir a la causa común.

Unidad por la unidad nacional y la libertad.

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